43 organizaciones católicas radican demanda contra ObamaCare

Toda acción tiene su reacción y todo efecto tiene su causa.  Después de sufrir meses de vejanes y ataques contra la Libertad de Culto mediante la imposición de mandatos que violan su conciencia, ayer se difunde la noticia de que cuarenta y tres organizaciones católicas (entre ellas, el arzobispado de Nueva York y la Universidad de Notre Dame) acudieron a los tribunales, y radicaron una demanda contra el régimen del Presidente Barack Obama.

Informa la Voz de América:

 En la demanda se acusa al Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos de violar la primera enmienda de la constitución al exigir que las organizaciones católicas “sacrifiquen sus creencias para poder continuar con su misión de servir a toda la gente necesitada”, según un comunicado de la Arquidiócesis de Washington, que es parte de la demanda.
“No hay salida al dilema que el mandato nos impone”, dicen los obispos en su comunicado.

Las 13 diócesis involucradas en la demanda son sólo una pequeña parte del total de 195 que hay en el país. No obstante, el simbolismo es notable, especialmente cuando los principales obispos han dicho que su prioridad es defenderse de lo que llaman “un asalto de parte de la Casa Blanca a la libertad de religión”.

Entre los demandantes se incluye, además de la arquidiócesis de Washington, la Universidad Católica, Caridades Católicas, la escuela secundaria católica Arzobispo Carroll y el Consorcio de Academias Católicas. Igualmente las arquidiócesis de Dallas, Pittsburg y Nueva York, así como las universidades católicas de Notre Dame y la Universidad Franciscana de Steubenville, en Ohio.

La demanda (texto aquí) tiene dos fundamentos: la Primera Enmienda de la Constitución, y la Ley de Restauración de Libertad Religiosa del 1993, presentada originalmente por el ahora Senador Charles Schumer de Nueva York.  Es bueno recordar que la Primera Enmienda de la Constitución no se redactó para prohibir la oración en las escuelas y demás edificios gubernamentales, sino para proteger a los miembros de las comunidades de la fe de atropellos como los que hemos visto en los pasados meses.  Tan importante es ésta libertad, que es la PRIMERA que la Constitución protege, al plantear que:

El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo el libre ejercicio de dichas actividades…

Y de ésto es que éste lío siempre se ha tratado.  No se trata de guerras ficticias contra las mujeres, ni de querer prohibir el uso de contraceptivos en un país donde el 98% de las mujeres tienen acceso libre a ellos.  Se trata, llana y sencillamente, de un gobierno pichón de totalitario que pretende imponer sus mandatos a la trágala aunque se lleve la Libertad de Culto por el medio. 

De hecho, la demanda sería casi académica si el Tribunal Supremo anula a ObamaCare, pero de todos modos hay que persistir.  Nunca en la historia de esta República se había atrevido un gobierno a definir el culto racional al grado que lo ha hecho éste régimen, pero ahí vemos. 

Cabe señalar que la Universidad Franciscana acaba de anunciar que retirará la cobertura de seguro médico a sus estudiantes, debido a los costos impuestos por ObamaCare, además del mandato anticonceptivo.  Muchos sospechan que ése siempre ha sido el fin deseado de ObamaCare, el obligar a todos a acogerse a un plan de pagador único.

La Prensa, hasta ahora, no ha dicho ni siquiera “esta boca es mía“, y mucho menos la prensa hispana (hasta el momento–con la excepción de El Diario-La Prensa de Nueva York, quien al menos se dignó en dedicarle un parrafito a una noticia tan importante).

Como dije la vez pasada, a muchos les ha llegado la hora de escoger.  Estos atropellos del gobierno son la consecuencia directa de la decisión de algunos dentro del liderato eclesiástico (católico y protestante, nadie está exento) de asignarle al gobierno aquello que le correspondía directamente.  Cristo nunca ordenó a la Iglesia a cabildear (o en buen puertorriqueño, a lambonear) a líderes gubernamentales para ganar favor político (y el billete que viene con los progamitas) que poco a poco fuimos echándole al gobierno.  No tan sólo se pervirtió la Ley de los hombres, sino que se pervirtió la Ley de Dios.

A César se le dió lo que correspondía a Dios.  Ahora resulta que el César se cree Dios, y que quiere imponer su propio Primer Mandamiento.  Y después se sorprenden.

 

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